Terminadas las vacaciones, no todos los chavales salen de ellas con una mochila llena de lecturas, campamentos y buenos hábitos. Muchos se habrán aficionado a la cama, desordenado los horarios y aumentado más de lo debido el ocio digital. Ya no podemos hablar de la consola o la televisión, porque el simple móvil puede enlazar videojuegos, vídeos y redes sociales durante gran parte del día. Aunque no llegue a desarrollarse una adicción real a los videojuegos, podremos observar cierto descontrol que afecte al sueño, la convivencia, el inicio del trabajo escolar y a otras actividades necesarias. En este artículo queremos tratar de distinguir cuándo nos encontramos ante una adicción real o una afición intensa y qué pueden hacer la familia y el colegio para recuperar el equilibrio.
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