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Una de las decisiones más delicadas que tomamos los orientadores, junto con el claustro, es la titulación de los alumnos con Necesidades Educativas Especiales al terminar 4º ESO. Sobre el papel parece sencillo: si el alumno ha superado sus ACIS, ¿por qué no va a titular? En la práctica, sabemos que ahí se juega buena parte de su futuro sociolaboral. El drama es que el título, pensado como gesto de inclusión, puede convertirse en una trampa silenciosa que le cierra las puertas justamente a los recursos que más necesita. 

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