El período de la pandemia ha supuesto un antes y después rotundo en la salud mental, especialmente entre los menores. Con un incremento global del 25% en la prevalencia de la ansiedad y la depresión 1, los problemas psiquiátricos infantiles se dispararon un 300% 2. No tardaron en detectarse en los colegios casos cada vez más frecuentes de autolesiones e ideación suicida, lo que obligó a las comunidades autónomas a implementar protocolos de prevención y actuación.
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