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“No soy tonto, pero esto no es para mí”. Es una frase que más de un orientador ha escuchado en boca de adolescentes agotados por la rutina académica, desmotivados tras años de esfuerzo sin resultados y a punto de desconectarse por completo del sistema. Algunos de estos alumnos pueden lograr el título de la ESO, pero a costa de un sufrimiento constante que afecta su autoestima, su salud emocional y su percepción del aprendizaje. ¿Qué podemos hacer cuando repetir no es la solución, pero tampoco se vislumbra una alternativa clara al pasar de curso? Aquí es donde los Programas de Diversificación Curricular (PDC) se revelan como una auténtica oportunidad educativa para un centro educativo. 

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