Como toda profesión humana, la orientación no se ve exenta de posibles errores humanos y profesionales. Un orientador puede sin duda caer en errores como el sarcasmo, la invasión de la intimidad, la difusión de información confidencial, la ridiculización —incluso a espaldas del alumno o del profesor—, los prejuicios rápidos, la mala acogida o el abuso de poder. Ninguno de ellos debería dejarnos indiferentes. Desde luego, dañan la confianza, enfrían la relación y convierten la ayuda en una forma de presión.
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