Hablar de Inteligencia Emocional (IE) es ya casi una moda más que instalada y que está llegando hace unos años a los programas educativos de casi todos los colegios.
A menudo la IE es sin embargo malentendida y, por lo tanto, mal enseñada, siendo reducida a una mera capacidad de sentir las emociones y, como mucho, saberlas expresar o nombrar. Pero, aunque esta perspectiva resalta el valor del mundo emocional, ignora uno aspectos fundamentales.
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