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El orientador ve constantemente infinidad de problemas y situaciones difíciles. A veces puede quedar atascado a la hora de abordarlos todos, especialmente si tiene real vocación para ello y quiere hacer bien su trabajo. Así que la pregunta más importante que tenemos que hacernos los orientadores tiene que ver con la fuente principal del bienestar y la estabilidad psicoafectiva del alumno. 

Si bien los colegios podemos esforzarnos mucho en que la formación sea de calidad e incluso tenga un corte humano y educativo, no podemos olvidar que nuestra labor es esencialmente apoyar el trabajo familiar. Si la familia es la fuente de la inestabilidad será muy complicado sacarle partido a nuestro esfuerzo para cambiar sustancialmente las cosas. Así que, siempre que sea posible, más que centrarnos en muchas medidas, sesiones y evaluaciones con el alumno es preferible invertir tiempo en trabajar desde los padres. 

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