El orientador suele encontrarse con casos complejos que llegan con algo más que datos escolares. Traen cansancio, presión en casa, discusiones acumuladas, miedo a equivocarse y, a veces, una sensación muy clara de no poder más o no saber qué hacer. La familia es citada o pide cita esperando ayuda, pero no siempre sabe cómo pedirla.
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