Desde la revolución industrial hemos vivido cambios profundos que han transformado el mundo y, de modo muy especial, la educación. Pasamos de la enciclopedia física a internet, del teléfono fijo al móvil, y casi sin transición entramos en la era de las redes sociales, con una exposición pública constante que apenas supimos frenar ni educar. Ahora ha llegado la inteligencia artificial, la IA, y muchos la describen como un salto mucho mayor que todos los anteriores juntos. No es una herramienta más; es un cambio estructural en la manera de estudiar, producir, comunicar y resolver tareas intelectuales. El ser humano delegó hace tiempo la fuerza física en las máquinas; ahora empieza a delegar también parte del trabajo mental.
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