Una de las tareas más densas, y que no siempre se piensa desde el principio, es decidir cómo ordenar todo el contenido digital del orientador: expedientes, anexos, protocolos, manuales, presentaciones, listados, informes, actas, becas, derivaciones y documentos oficiales que van llegando por correo o por enlaces compartidos. ¿Qué conviene tener claro antes de que aquello termine convertido en un menestrón de carpetas duplicadas, documentos repetidos e informes perdidos?
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