No pocas veces nos encontramos en el pasillo o en la puerta de la clase a unos alumnos enzarzados y a punto de pegarse, o agrediéndose a insultos. Seas orientador o profesor, toca intervenir y conviene tener claros algunos pasos y objetivos esenciales para abordar adecuadamente situaciones de este tipo. A veces la resolución se dirige sobre todo a normalizar la situación y a buscar culpabilidades para ajustar la sanción más justa, pero en un conflicto fuerte casi nunca se está discutiendo solo por “lo de hoy”. Los alumnos suelen traer el problema empaquetado en una explicación sencilla y rápida, aunque muchas veces lo que dicen es solo la capa superficial. Si el adulto se queda en esa versión, intenta “arreglar” algo que no es el núcleo y, sin querer, empeora la sensación de injusticia.
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