Si un orientador pretende ser especialmente cuidadoso con la normativa que regula los casos recogidos en los protocolos y en todo lo relativo a la salud mental, se dará cuenta enseguida de que, si tomara todo al pie de la letra, tendría que abrir protocolos y derivar varios alumnos a diario por simples sospechas. Pero tampoco podemos intentar atenderlo todo desde el colegio para no asustar a las familias o por no considerarlo tan grave, porque luego ocurren cosas y se piden responsabilidades. Así que la cuestión de fondo es saber claramente cuándo se ha cruzado de verdad la línea roja y el orientador tiene que derivar para no hacerlo ni demasiado pronto ni demasiado tarde.
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