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En los últimos años, la soledad en adolescentes ha crecido de forma alarmante, a pesar (o precisamente por) vivir en una sociedad cada vez más hiperconectada. Aunque los jóvenes están constantemente en contacto a través de redes sociales, la calidad de esas interacciones ha disminuido drásticamente, provocando una profunda desconexión emocional.

Como profesionales de la orientación educativa, nos encontramos ante un reto urgente: acompañar a los adolescentes en el uso saludable de la tecnología y prevenir las consecuencias del aislamiento social y emocional.

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