La organización de los grupos en cada etapa o ciclo escolar no es una decisión menor. Aunque a menudo se aborda desde criterios prácticos o de continuidad, la forma en que se configuran las clases tiene un impacto directo en la convivencia, en las relaciones sociales y en el desarrollo del alumnado. Por eso, en muchos centros surge periódicamente una pregunta clave: ¿conviene mezclar a los alumnos al cambiar de ciclo?
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