En muchos centros educativos existe un perfil de alumnado que suele pasar desapercibido: estudiantes que entregan todo a tiempo, mantienen buenas notas, no generan conflictos y parecen funcionar perfectamente. Sin embargo, detrás de ese cumplimiento constante puede esconderse un desgaste emocional profundo. Identificar este agotamiento silencioso es clave para prevenir problemas mayores.
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