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Hay estudiantes que duermen lo suficiente y, aun así, llegan al aula con la sensación de no haber descansado nada. No es el típico sueño de quien se acostó tarde, sino un cansancio que no se quita durmiendo, más profundo y persistente. 

Este tipo de agotamiento suele desconcertar a familias y docentes. Si el alumno cumple con sus horas de sueño, ¿por qué sigue tan cansado? La respuesta, en muchos casos, no está en el cuerpo, sino en la mente. 

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