En educación, hablar de exigencia parece inevitable. Resulta lógico: queremos que los alumnos crezcan, se esfuercen, mejoren y desarrollen sus capacidades. Sin embargo, no siempre distinguimos bien entre exigir y acompañar, entre empujar y ayudar a construir. Y ahí es donde, a veces sin darnos cuenta, podemos generar más bloqueo que avance.
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