El verano es un momento necesario para desconectar del ritmo del curso, pero también puede ser una oportunidad para mantenerse activo a nivel personal y profesional desde un lugar más flexible.
Para los orientadores, acostumbrados a trabajar con procesos cognitivos, emocionales y de toma de decisiones, mantener cierta activación mental durante las vacaciones no implica seguir trabajando, sino cambiar la forma de hacerlo.
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